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Gremio médico
y Educación Médica Contínua

Presencia necesaria y permanente

por el Dr. Barrett Diaz

La Educación Médica Continua (EMC) viene adecuándose a nuevas normas y extendiéndose a nivel nacional. En este sentido se destacan las actividades que en 1996 coordinó la comisión conjunta de la Facultad de Medicina (Escuela de Graduados), el Ministerio de Salud Pública, la FEMI y el SMU. Con base en esta amplia coordinación de instituciones se hacen posibles logros de gran importancia.

La presencia de la organización gremial médica entre los sustentos de este proceso no es casual ni circunstancial. Los Estatutos fundacionales del SMU establecen: «coadyuvar a la ampliación de la cultura general y el perfeccionamiento de la preparación técnica de los médicos» (artículo 2, inciso d).(1)

En 1924, el doctor Roberto Berro presentaba ante el gremio un concepto que hoy se encuentra entre los tres o cuatro más importantes en materia de EMC: es necesario apuntar al autoaprendizaje y el SMU debe fomentarlo: «que quienes fuimos transitoriamente estudiantes seamos permanentemente estudiosos».(2)

Por cierto, la realidad de la Educación Médica transitó otros rumbos en las décadas siguientes. En 1955 la Organización Mundial de la Salud reconocía: «subsiste la urgente necesidad de organizar la enseñanza continua para los médicos que cursaron sus estudios (básicos) en un sistema docente no concebido para conseguir que el individuo se esfuerce en seguir aprendiendo durante toda su vida profesional».(3) Afortunadamente hoy la Facultad de Medicina jerarquiza la EMC y la Escuela de Graduados creó su Comité correspondiente.

Llegados a este punto nos preguntamos: ¿existe actualmente algún papel específico del gremio médico en materia de EMC?

No por casualidad el profesor Abel Chifflet introdujo al respecto, hace casi sesenta años, un concepto que aún está vigente en términos de aspiración no realizada: la ampliación de la cátedra. En 1938, reflexionando sobre la creación de la División Científica del SMU, propuso «la puesta al día de temas de interés práctico para el médico en general».4 Esta División creó la Biblioteca (manejando la selección de temas), promovió reuniones médicas periódicas, fundó la Editorial Científica y utilizó medios de acción a distancia: la audición radial dirigida en particular a los médicos del interior del país. Se intentaba ampliar la Cátedra aportándole medios y a la vez se interactuaba objetivamente en la selección de temas.

Tal vez el pensamiento de Chifflet, vertido en páginas sindicales, mantenga vigencia porque no expresaba modas transitorias sino la profundidad de la cultura médica: «ya es hora de ir reduciendo el complejo arsenal de la medicina de hoy [...] la División Científica del SMU da un paso en procura de una medicina más sencilla que sintetice la agobiante masa de descripciones. El paciente no es sólo lo que informa el radiólogo, el clínico o el patólogo, sino que es la síntesis de todo eso, agregado de mucho más, que escapa a nuestros medios de examen y que no podemos etiquetar por la propia ignorancia que tenemos sobre lo que somos nosotros mismos».(4)

Un análisis más fino nos muestra una etapa de la vida médica nacional, que se extiende a lo largo de las cuatro primeras décadas del siglo, con superposición de funciones entre Facultad, MSP y gremio médico. Un proceso complejo fue decantando algunas especificidades; otros problemas aún subsisten. En 1975, con la Facultad intervenida por la dictadura, se destacó el papel del gremio como resguardo de la cultura médica y sementera de su recreación.(5) La revista Noticias introdujo en nuestro medio el nuevo léxico: Educación Médica Continua «para graduados».(6) Se creó la Revista Médica del Uruguay; se editó «Carta Médica».

Ya en democracia el SMU formuló su Plan Piloto de EMC, el proyecto más innovador y participativo en esta materia, cuya puesta en marcha se impulsa en la actualidad. Se propone la creación de grupos pequeños con hasta veinte médicos del área de Atención Primaria. Ellos incidirán en la selección de temas y en la metodología participativa que tienda al auto-aprendizaje; y deberían ser evaluados con normativas académicas y sanitarias. Sólo en Montevideo (con 5.814 médicos generales y 872 pediatras en diciembre de 1996) surgirían hasta 335 grupos. Tal Plan Piloto resultaría impracticable a través de medios docentes convencionales, en especial por las limitaciones de la Facultad. Pero quizás la idea clave de ampliación de la Cátedra, nacida en temprana edad gremial, haga posible el proyecto. Este es un gran desafío para el gremio en cuanto a jerarquizar el problema y acondicionar una infraestructura acorde con el mismo. Si respondemos positivamente a él, y con mucha dedicación, podríamos tener acceso a una EMC válida; en caso contrario continuaremos sentados escuchando a los conferencistas.

 


1 Sindicato Médico del Uruguay, Estatutos, Montevideo, Tip. La Industrial, 1930, p.2.
2 Berro, R., La nueva etapa sindical, Montevideo, Edición SMU, Tip. La Industrial, 1924, p.21.
3 Comité de Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Educación Médica Continua, Serie de Informes Técnicos, 1974, núm.534.
4 Chifflet, A., «La División Científica del SMU inició brillantemente sus actividades», en Acción Sindical, Montevideo, Editorial Libertad, 1938, XV(22):21-24.
5 «Atendemos a uno de los problemas dominantes: la recreación de la cultura médica», editorial de Noticias, 1975, núm.121:1-3.
6 «Educación Médica Continua para Graduados», editorial de Noticias, 1975, núm.122:1-2.

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